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Espejo del alma – p. Alfonso Milagro

Dicen que el rostro es el espejo del alma; en él se manifiestan los distintos estado anímicos, las distintas disposiciones internas.

Si no quieres que tu rostro refleje la cólera o el mal humor, no lo fomentes en tu interior; no ofrezcas a tus familiares, a tus dependientes, a quienes tratan contigo o se mueven a tu alrededor, la triste escena de un rostro amargo, aplastado, repelente.

Ofrece más bien un aspecto alegre, optimista, emprendedor; la sonrisa es siempre más atractiva que el ceño adusto o el gesto amargante.

Y no sólo más atractiva sino también más constructiva; serás más, conseguirás más, serás más útil si en tu interior fomentas el orden, la tranquilidad y una serena paz. Los demás te aceptarán mejor porque en tu exterior, en tu rostro, aparecerá tu interior.

“Yo exalto a mi Dios, y mi alma se alegra en el Rey del cielo. Su grandeza sea de todos celebrada y confiésenlo todos en Jerusalén” (Tob 13,7). Tú tienes sobrados motivos para alabar al Señor y para dedicarte a que todos cuantos te rodean se dediquen también a alabarlo. Todo lo has recibido de Él, a Él le debes infinitas acciones de gracias.

p. Alfonso Milagro